jueves, 27 de mayo de 2010

Bolivia, de los bosques a los desiertos

La deforestación, que avanza en Bolivia a un ritmo de 300.000 Has. anuales, llega acompañada de otro mal: la desertización
Un informe periodístico publicado el pasado domingo en este matutino da cuenta de la magnitud de un fenómeno que, pese a lo importante que es, no suele recibir la atención que merece. Se trata del intenso ritmo al que avanza el proceso de destrucción de los bosques del subtrópico cochabambino, lo que, al paso que vamos, puede ocasionar que dentro de 15 años ya no queden árboles añosos en pie.




El informe, basado en datos contenidos en un estudio del Centro de Tecnología Forestal, indica además que ya se ha deforestado aproximadamente el 56 por ciento del bosque primario en la región a un ritmo de 10 a 15 hectáreas anuales. Y de la superficie que aún queda, la mayor extensión está dentro del Territorio Indígena del Parque Isiboro Sécure (Tipnis), lo que en gran medida se debe a lo lejos que está esa zona de los centros poblados y los caminos. La apertura del camino que atravesará el parque modificará sustancialmente esa situación, por lo que el tiempo que demore el proceso antes de dar fin con los últimos árboles podría ser menor que los 15 años por ahora previstos.
Tales datos, pese a lo desalentadores que son, resultan opacados por un estudio de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), según cuyos cálculos en el departamento de Santa Cruz se pierden 300 hectáreas al día, las que sumadas a las que se destruyen en el resto del territorio nacional dan un total de 300.000 hectáreas anuales. Además de las superficies boscosas, se pierden muchas especies animales y vegetales cuya vida está íntimamente ligada a la de los grandes árboles.
Los datos mencionados coinciden con los recientemente presentados por el Viceministerio de Ciencia y Tecnología, según los que la deforestación viene acompañada de un mal aún peor, pues la mayor parte de las áreas que van quedando deforestadas no son ni serán aptas ni para la agricultura ni para otros usos productivos, sino que están condenadas a la desertización.
Según ese informe, la tala indiscriminada de bosques, que suele ir acompañada de un aumento de la presión demográfica sobre los suelos, es la principal causa de que el 41 por ciento del territorio boliviano esté en pleno proceso de desertización, lo que en un futuro inmediato ocasionaría gravísimos efectos sobre la seguridad alimentaria de la población.



Para contrarrestar o por lo menos paliar en algo el ritmo al que avanza la destrucción de nuestros bosques, hay algunas iniciativas que, lamentablemente, no avanzan al mismo ritmo. En el caso del trópico cochabambino, por ejemplo, las plantaciones forestales alcanzaron a 4.077 hectáreas en 15 años, superficie que dista mucho de ser suficiente para compensar la devastación.
En ese contexto, y dada la gravedad del problema, resulta alentador que el tema ya figure entre las principales preocupaciones colectivas y que el actual gobierno lo haya incluido entre sus prioridades. Lo dispuesto en el Decreto Supremo 443, aprobado el 10 de marzo pasado, mediante el que se pone en marcha el Programa Nacional de Forestación y Reforestación, por ejemplo, prevé sembrar 10 millones de nuevos árboles (uno para cada boliviano) durante el próximo año. Sin ser suficiente ni mucho menos, es una pequeña muestra de un imprescindible cambio de actitud ante nuestro ambiente.

 
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